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martes, 28 de abril de 2009

LA LÍNEA DE CRÉDITO ADQUIRIDA CON EL FMI



Durante las recientes reuniones en Londres del G-20 los Estados miembros han recomendado políticas, que a su parecer, podrían ayudar a solucionar la crisis económica mundial. En este tenor el Fondo Monetario Internacional (FMI), del que el hoy secretario de hacienda fuera subdirector gerente, el 24 de Marzo aprobó la creación de un instrumento financiero llamado Línea de Crédito Flexible (LCF), mismo que podrá ser solicitado por cualquier país miembro del FMI, previo estudio de su situación, para ayudarse así a enfrentar la crisis económica actual. México ha sido la primer nación en manifestar interés por adquirir la LCF, cuyo monto máximo ascendería en este caso a aproximadamente 47 mil millones de dólares. El FMI ha recomendado tradicionalmente el uso de este tipo de herramientas para enfrentar crisis en economías como la mexicana, aunque existen sus detractores; de hecho no es la primer vez que se intenta hacer que este país aceptara un crédito de este tipo; en Noviembre de 2000 Stanley Fischer, entonces primer subdirector gerente del FMI, vino a hablar de las bondades de las líneas de crédito contingentes en la prevención de crisis en el marco del 75 aniversario de Banco de México (BM).

Aquí el interés por adquirir la LCF se hizo oficial el 1 de abril en comunicado de prensa por parte de la Secretaría de Hacienda y BM y se le denominó Blindaje financiero a favor del empleo, el crecimiento y la estabilidad. Al disponer de estos recursos se pretende proteger a la economía frente a cualquier contingencia severa que surja durante la crisis mientras se apoya al empleo, se favorece la estabilidad y el crecimiento económico y se facilita el acceso al crédito a las empresas y los hogares.

Las características de la LCF son las siguientes: El acceso a la línea está restringido a aquellos países con indicadores macroeconómicos firmes y que cuenten con una cuenta de capital dominada por flujos privados, esto es que la mayor parte de los activos sean propiedad privada y no del Estado; un buen historial de participación en los mercados financieros internacionales; un nivel adecuado de reservas internacionales; que su sistema bancario no presente problemas de solvencia; que posean una supervisión efectiva del sistema financiero; que gocen de finanzas públicas sanas y baja inflación. La LCF Tiene un carácter contingente, es decir que el país que la solicite puede decidir no disponer de los fondos o usarlos en una o varias exhibiciones, además de que una vez aceptada la solicitud el acceso a los recursos no estará condicionado y se podrá disponer de ellos cuando se necesiten. El periodo de vigencia de la Línea será de seis meses a un año, en ambos casos se puede renovar. El monto máximo a solicitar no está preestablecido y depende del país que lo solicite; si una economía adquiere la LCF puede disponer de hasta el 1000% de la cuota que tenga con el FMI; a cada país miembro el FMI le asigna una cuota con base en el tamaño de su economía para decidir cuál será su contribución máxima a los fondos de la institución, estas contribuciones se miden en unidades especiales denominadas Derechos Especiales de Giro (DEG), cuyo valor se estima a partir de la suma de los valores en dólares estadounidenses de una canasta de monedas integradas por el Dólar de EU, la Libra Esterlina, el Yen y el Euro, todos estimados sobre los tipos de cambio cotizados al medio día en Londres, este valor se publica diariamente en la página del FMI; en el caso mexicano el 1000% de la cuota son 31528 millones de DEG que son alrededor de 47 mil millones de dólares. Si el país decide disponer de los recursos el plazo de pago será de 3.25 a 5 años.

Hablando de costos, la LCF tendrá una comisión de compromiso que se tiene que pagar al contratarla, que para la situación mexicana sería de 27 puntos base sobre la parte de la Línea (0.27%), mismo que es devuelto cuando se realiza un desembolso de la línea. Por uso de la línea el FMI cobra un monto igual a la tasa DEG, que se estima como un promedio de las tasas representativas de la canasta de monedas mencionadas antes, más un diferencial de 2.42%. Como la tasa DEG actual es de 0.42%, el costo anual de uso para México será del 2.84%.

Esta línea de crédito es una de las herramientas de política económica que el G-20 ha recomendado para enfrentar la situación actual. México ha escuchado la sugerencia y la ha aplicado en nuestra economía, habrá que esperara para ver si se hace uso de este recurso y, de ser así, si tiene o no los efectos que se esperan.

lunes, 15 de diciembre de 2008

LA INFLACIÓN EN NOVIEMBRE

El gobernador del Banco de México(Banxico) Guillermo Ortiz Martínez a inicios del mes había declarado que era de esperarse un fuerte “pico” en la recta final de 2008 y en enero de 2009 en el registro de la inflación, y todo parece indicar que tuvo razón. El aumento anual en el nivel de precios duplica ya los tres puntos porcentuales establecidos por el banco central como pronóstico para todo el año 2008.
Banxico acaba de dar a conocer su reporte sobre inflación correspondiente al mes de Noviembre de 2008 y en él se da a conocer que el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) en este mes creció un 1.14 por ciento que agregándolo a las variaciones del INPC desde enero, la inflación acumulada alcanza ya 6.23 puntos porcentuales. El crecimiento del nivel de precios en este mes es el más alto desde hace por lo menos seis años y está muy por encima del 0.38 por ciento de noviembre del 2001.
Según el reporte los bienes que más subieron en noviembre fueron la electricidad, el jitomate y el Bistec de res; mientras que los que registraron una mayor reducción de sus precios fueron la cebolla, el aguacate y el servicio telefónico local. Como era de esperarse debido a la eliminación del subsidio por temporada cálida en la electricidad las ciudades que registraron mayores incrementos en el INPC fueron Hermosillo y Mexicali con 7.96 y 7.49% respectivamente, mientras que en Guadalajara se registró un incremento de 0.02%.
El aumento en la inflación es alrededor de un 2 por ciento mayor al incremento en los salarios nacionales, por lo que el poder adquisitivo real de las familias ha disminuido. Según Banxico el aumento de los salarios negociados en julio fue de 4.76 por ciento, de 4.69 los negociados en agosto y de 4.09 por ciento los revisados en octubre.
Hay una gran posibilidad de que el crecimiento de los precios siga siendo fuerte, sobre todo debido a las circunstancias internacionales de la oferta de bienes y servicios, sobre todo el relacionado con los costos cambiarios de los productos importados.
De seguir las tendencias no sólo la inflación irá en aumento, sino también el poder de compra de los salarios pagados en el país, puesto que aunque suban si lo hacen por debajo de la inflación es como si en realidad hubieran bajado, tanto como la diferencia entre el incremento del INPC contra el incremento salarial.

¿POR DÓNDE LLEGARAN LOS EFECTOS DE LA CRISIS A MÉXICO?

Ya todos metieron su cuchara en el asunto de la multicitada crisis financiera, ahora me toca a mí.
La crisis económica actual originada en Estados Unidos tiene magnitud mundial y para una gran número de economías en el mundo, incluyendo a la de México, la cuestión a resolver no es si los efectos se sentirán o no en sus respectivas áreas de influencia sino antes bien cuándo por dónde han de llegar dichos efectos. Para este país notoriamente atado a la suerte estadounidense la recesión llegará a través de la economía real, la de producción y venta de bienes y servicios.
La crisis financiera se expandió rápidamente y de manera más alarmante en aquellos lugares donde las condiciones eran similares a las que originaron el problema en Estados Unidos; por ejemplo en Europa, en donde los créditos hipotecarios también se estaban repartiendo de forma casi indiscriminada entre la población. En Asia la crisis no ha caído tan fuerte en la economía financiera como en Estados Unidos o en Europa, debido, además de que por ejemplo en Japón ya había ocurrido algo parecido, a que los países asiáticos son asiduos ahorradores, de hecho las instituciones financieras asiáticas han comenzado a invertir en la debilitada economía financiera estadounidense. El más importante canal de contagio de la crisis tanto para Asia como para América Latina (México incluido) es la economía real, la de producción y venta de bienes y servicios y no tanto la vía financiera.
Para el particular caso de México es muy poco probable que la crisis llegue por el medio financiero, antes bien arribará de forma más perceptible por cuatro canales reales, que no son los únicos y que a continuación enumeramos.
Primeramente, como es de suponerse, la economía de la construcción en Estados Unidos ha resultado muy lastimada; en ese sector hay muchos paisanos hoy empleados pero que es muy probable que estén siendo despedidos, luego entonces el flujo de remesas enviados por ellos a sus familiares en México decrecerá. El grueso del efecto de este hecho se sentirá en las regiones tradicionalmente expulsoras de migrantes.
En segundo lugar, es obvio que si la economía estadounidense cae en recesión a la nuestra le ocurrirá lo mismo. Un gran número de empresarios y familias en el norteño vecino prevén que la economía estadounidense en el mejor de los casos se estancará. Si sus actos van en función de sus expectativas; las familias dejarán de comprar y las empresas de invertir con las lógicas consecuencias de desempleo y baja producción. Son estas expectativas las que encrudecerán aun más la caída de la economía de EU, a la que la nuestra está enormemente ligada. Si EU deja de crecer deja de importar productos mexicanos.
Un tercer canal de infección se encuentra por el lado del mercado petrolero. El apuro económico se ha internacionalizado; si la economía global no es saludable deja de demandar productos y por productos léase cualquier bien o servicio comerciable incluyendo los energéticos. Si se deja de demandar petróleo, los precios caerán. La mezcla mexicana había alcanzado los 120 dólares por barril y hoy ronda los 76 dólares. El presupuesto nacional está basado en la creencia de que el precio promedio del petróleo será de 75 dólares, todos podemos deducir las consecuencias en los ingresos del sector público si el petróleo se vuelve más barato.
Como cuarto canal de contagio identificamos a las expectativas negativas de los inversores. Si las compañías que potencialmente podrían invertir en este país creen que la situación empeorará antes de mejorar entonces decidirán no colocar su dinero en México y simplemente se pierde la oportunidad captar esa posible inversión.
Si bien la recesión económica que se avecina no será un cataclismo de magnitudes como la de 1995 ni mucho menos como la de 1929, habrá que tomar medidas que sirvan para el capítulo mexicano. El ejecutivo ha anunciado un tardío plan de cinco puntos que implican aumento del gasto público, desregulación arancelaria y otros aspectos contracíclicos. El contenido de dicho plan es material para otra colaboración.

LA BUROCRACIA Y LA COMPETITIVIDAD MEXICANA

El Banco Mundial y la Corporación Financiera Internacional publican anualmente un reporte intitulado Doing Business (Haciendo Negocios), en donde se califican algunos indicadores de la reglamentación de las actividades comerciales que registran el tiempo y el costo para cumplir los requisitos legales para iniciar y administrar un negocio, participar en el comercio transfronterizo, pagar impuestos y cerrar una empresa en 181 economías, para enlistarlas de acuerdo a lo que el documento califica como competitividad, es decir que en los primeros lugares encontraremos a los países con las menores dificultades y mayores facilidades para la actividad de las empresas.
En su edición del 2009 el documento ubica a México en el lugar número 56; es decir que está 14 lugares abajo del puesto que ocupaba el año pasado, retrocediendo respecto a economías emergentes de Asia y África que se han vuelto más competitivas que este país.
La razón central del retroceso de la competitividad mexicana se puede encontrar en la ausencia de reformas. Países como Hungría, Botswana y Colombia han hecho durante el último año una cantidad importante de modificaciones en sus respectivas reglamentaciones comerciales, causa por la cual hoy son más competitivos que México.
Es un lugar común pensar que reformas de este tipo no se efectúan porque se quedan atoradas en el congreso y sería fácil llegar a la conclusión de que si este país no avanza en materia de competitividad es debido a la incompetencia del órgano legislativo. Sin embargo el reporte citado no toma a consideración reformas tales como la energética, laboral o alguna otra que necesite el visto bueno del legislativo, sino más bien a reformas que tienen que ver con el papeleo; eliminación de trámites administrativos y burocráticos, flexibilizar los requisitos de capital mínimo para la creación de una empresa o incluso aquellas acciones que eliminaran o redujeran el tiempo necesario para rellenar formularios.
Por tanto podemos afirmar que lo que verdaderamente está ahogando la competitividad mexicana es la excesiva carga burocrática que hay que soportar para echar a andar y mantener operando una empresa y que es un incentivo muy importante para que muchos emprendedores decidan mantenerse en el sector no regulado de la economía nacional.
A todos los preocupados por la salud económica del país nos interesa que los responsables del buen funcionamiento del sector productivo del país implementen pues medidas encaminadas a volver sencillo y claro el procedimiento necesario para emprender y mantener un negocio; de esta manera se facilitaría el funcionamiento de las pequeñas y medianas empresas –creadoras de 8 de cada 10 empleos en este país- al mismo tiempo que se reduciría el sector informal de la economía.

EL EMPLEO EN MÉXICO

En este país hay una infinidad de problemas por solucionar, hay algunos que lejos de mostrar mejoría parecen insalvables y cada vez empeoran más y para muestra está el desempleo. Cada vez que se acerca el período de elecciones se inunda a la ciudadanía con millares de promesas para solucionar el desempleo, que en caso de que se cumplieran México sería un ejemplo a seguir por todas las demás naciones en el mundo, con tasas de crecimiento sostenidas y envidiables. Hablar es fácil, prometer la creación de un millón de empleos diarios si se quiere es demasiado simple, lo que sea por convencer al sector de la población que votará. Una vez logrado el asenso se puede poner en cargos importantes a los amigos, a los más queridos dentro del club más cercano al presidente en turno, quienes aplicarán políticas anodinas, envueltas con su correspondiente ola publicitaria, dirigidas a mitigar, en el papel, la desocupación. Sin embargo la realidad se nos presenta cruda a la mayoría cuando no llegan los resultados esperados.
El jueves 21 de agosto del presente el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) dio a conocer la situación del mercado laboral en México correspondiente al mes de julio. Los datos ofrecidos son muy desalentadores. La tasa de desempleo en este mes fue de 4.15% de la Población Económicamente Activa (PEA), la más alta alcanzada desde que comenzó el sexenio y la más elevada para julio desde hace ocho años.
Lo anterior significa que en México, según los datos oficiales, hay alrededor de un millón 800 mil personas que buscan empleo sin encontrarlo. Según este informe, en julio de 2008 había 344 mil personas más engrosando el sector desocupado de la PEA que en diciembre de 2006, lo que representa un incremente de más del 20% en la cantidad de personas desocupadas desde comienzos del presente sexenio.
El efecto de esta situación se sesga con mayor fuerza hacia las mujeres. En el sector femenino se incrementó en un 0.2% de julio del año pasado a julio del corriente al incrementarse de 4.32 a 4.52%. La tasa de desocupación masculina se incrementó de 3.73 a 3.92% en el mismo lapso de tiempo.
Es notorio pues que las políticas implementadas en materia de empleo, en el supuesto de que éstas existen, han resultado ser estériles y parece que el desarrollo económico de este país está no sólo estancado sino en franco retroceso.
No debemos olvidar entonces las cifras reales cuando estemos ante las promesas que periódicamente se nos presentan.

SOBRE LA PRIMER PROPUESTA DE REFORMA ENERGÉTICA

Desde hace 25 años se lleva en México una paulatina demolición de la empresa paraestatal Petróleos Méxicanos (Pemex) que se ha hecho sentir más desde hace algunos meses debido a una propuesta de Reforma Energética presentada al legislativo acompañada de una sensiblera campaña mediática en la que se hace afirma la existencia de un “tesoro” escondido (expresión que me parece bastante cursi) en las profundidades del golfo y que es necesario extraer “hoy más que nunca” para traer años de felicidad a todos los mexicanos.
Lo más notable del proyecto de Reforma Energética presentado es que pretende reformar el artículo 27 constitucional que ordena la exclusividad de la Nación en la explotación de hidrocarburos que constituyen la industria petrolera, para que ahora el Estado se encargue sólo de las “áreas estratégicas” de la industria. Esto es un popote legal para permitir taimadamente la introducción del sector privado en actividades que hoy son exclusivas de Pemex y que puedan calificarse como no estratégicas, v. gr. Transporte, almacenamiento, refinación y venta de primera mano de petróleo, gas y derivados. Además de lo anterior el documento también incluye planes para quitar a la paraestatal la exclusividad de exploración (tan necesaria para encontrar el tesorito); para crear una “comisión del petróleo” y para sustituir la actual Ley Orgánica de Pemex.
Ninguna reforma debe descalificarse de entrada. En lo personal considero pertinente la sustitución de la Ley Orgánica de Pemex, por una que la dinamice y modernice. Sin embargo, en sus demás apartados, la Reforma me parece mala. La entrada del capital privado a una industria con todas las señales de ser un monopolio natural es un tremendo error (para muestra Telmex).
Las explicaciones más frecuentemente presentadas por los favorecedores de la Reforma es que Pemex es muy ineficiente, que la entrada de competencia privada mejoraría las condiciones del mercado, que hay mucho petróleo por explotar que no se extrae por falta de infraestructura, que no es malo que ingrese la iniciativa privada en áreas como la refinación y que la Reforma no pretende privatizar a la petrolera.
Leyendo fielmente la realidad podemos derribar los anteriores argumentos. Pemex es eficiente económicamente hablando, es una de las cuatro productoras de petróleo en el mundo. En 2006 tuvo un rendimiento, antes de intereses e impuestos, de 72 mil millones de dólares (suma sólo superada por la obtenida por Exxon); no necesita aliarse con nadie para mejorar su funcionamiento y menos con las transnacionales (léase sus competidoras) para ser económicamente rentable; si el actual desempeño de la empresa parece atascado es debido al régimen fiscal al que se le ha sometido, a que mantiene al enorme aparato burocrático mexicano y a que se le niegan cada vez más recursos para su mantenimiento. Además el ingreso del capital privado no garantiza la mejora de la estructura de mercado, para quien no lo sabe, la iniciativa privada ya trabaja en algunos sectores junto a Pemex como la petroquímica básica y la venta de gasolinas (en forma de franquicias); hoy México es un importador neto de petroquímicos. Pémex fue capaz hace dos décadas, durante el boom petrolero en la época de López Portillo, sin ayuda privada, de construir tres plantas refinadoras casi simultáneamente, inexplicablemente hoy no se ha hecho algo similar a pesar de que estamos presenciando un período de bonanza por ingresos de exportaciones de crudo mayor al López-Portillista. La existencia de un supuesto teosoro abundante de petróleo no explotado y que los estadounidenses y hasta los cubanos nos están ganando está siendo usado para dar a entender que Pemex no tiene suficientes ingresos como para financiar la exploración (una de las áreas que se quieren privatizar), sin embargo en 2006 Pemex generó ingresos suficientes como para financiar su propio gasto de infraestructura y poder construir un par de refinerías. Para quienes dicen que la Reforma no quiere privatizar Pemex, porque no se plantea literalmente la venta de los activos de la empresa, habrá que leerles la definición de la palabra privatización dada por el Pequeño Larousse (ya ni de la RAE), que a la letra dice Privatización: Acción de hacer que recaiga en el campo de la empresa privada lo que era competencia del Estado. Y precisamente es eso lo que se hace al favorecer la participación privada en sectores que son competencia exclusiva de la Nación. El recurso petrolero existente en tesoros reales y no ficticios como Cantarell y Chicontepec bien administrado puede y debe dar a los mexicanos años de seguridad energética sin necesidad de abrirse a la iniciativa privada que sólo vela por sus propios intereses.

MACROECONOMÍA FINANCIERA PARA NO ECONOMISTAS POR UN ECONOMISTA 3/4

Las alzas y caídas en las Bolsas de Valores no afectan, en el corto plazo, de manera importante, salvo excepciones muy marcadas como la crisis de 1929, a las personas comunes y corrientes que no están relacionadas ni tienen inversiones en ellas. Sin embargo los índices generados ahí son un referente importantísimo para conocer la salud de la economía y el estado que guardan las intenciones de inversión de los empresarios que, como es fácil deducir, es una de las maneras como se crean empleos. La forma como se generan estos termómetros se explica de forma sucinta a continuación.
Las Bolsas de Valores, en ocasiones también denominadas como Bolsas de Comercio, son instituciones privadas que proporcionas el espacio y las facilidades necesarias para que se encuentren quienes compran valores con los que los venden. Es decir, es el lugar en donde se genera información clara y suficiente para tomar decisiones de inversión. Dichas facilidades son particularmente importantes para los miembros de las Bolsas de Valores interesados en el mercado de dinero, que básicamente son los demandantes de capital financiero y los oferentes de capital financiero; entiéndase quienes necesitan dinero, para invertir por ejemplo, y quienes tienen el dinero, porque ahorran.
De esta manera los inversionistas (ahorradores principalmente) utilizan toda la información disponible para decidir en dónde colocar sus fondos y siempre se inclinarán por prestarle liquidez a las empresas y los organismos públicos y privados que muestran estar saneados y ser rentables. No es un juego de azar; los inversores colocan el dinero en donde más les conviene y mientras menos riesgo haya mejor. Lo que sí hay en gran cantidad es lo que se conoce como expectativas, que son las ideas y lo que en general se espera pase con tal o cual empresa y eso se refleja en el precio de sus acciones. Las expectativas juegan un papel importante porque los prestamistas deben estar concientes de que si colocan mal su dinero y lo pierden, nadie se los devolverá.
El dinero que está en juego tiene un “precio”. La interacción entre la oferta y la demanda del mismo generan una Tasa de Referencia. Y en algunos países, como Estados Unidos, es usada para controlar la cantidad de moneda en circulación, algo que en México se hace por medio del “corto”. Si la tasa es alta, los bancos prestan caro y el público en general pide menos préstamos y menos crédito, por tanto se consume menos. Para los prestamistas inversores en la Bolsa de Valores el riesgo se habrá vuelto muy alto porque la inversión debe generar utilidades por encima de la tasa de referencia para ser rentable y obviamente las probabilidades de tener pérdidas son mayores a las probabilidades de obtener ganancias y entonces deciden no dar liquidez a ninguna empresa que genere utilidades por debajo de la tasa. Los dueños de títulos en deuda salen ganadores porque cobrarán intereses mayores. Todo lo contrario pasaría con una tasa baja.
Si en Estados Unidos, por ejemplo, las tasas de interés están subiendo tanto que la Fed, (el equivalente al Banco de México) tiene que intervenir para controlarla quiere decir que el riesgo está aumentando muy rápido, los préstamos y el crédito se encarecen, las personas que pagan el crédito hipotecario de sus casas, por ejemplo, a tasas flexibles verán aumentar su deuda junto con el aumento del interés, habrá menos inversiones, el desempleo aumentará, el consumo caerá y si a eso agregamos que alrededor del 90% de las exportaciones mexicanas van destinadas a EU, es claro que el pánico se trasladará a la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) con resultados diez veces peores y los inversionistas retiran su dinero, el Índice de Precios y Cotizaciones de la BMV irá bajando en lo que será una clara señal de lo mal que estaría la economía nacional, ahuyentando a todo aquel que quiera poner negocios en México.

LA REFORMA HACENDARIA (SE ACUERDAN?)

La justificación para la existencia de los impuestos es que, en principio, con ellos el Estado puede regular la asignación de recursos además de generar efectos importantes en la economía y la sociedad. Cualquier intervención fiscal debería entonces favorecer la correcta distribución del ingreso y el funcionamiento del aparato burocrático interfiriendo lo menos posible en la asignación eficiente de los recursos. Idealmente el sistema impositivo de una economía tendrá que ser barato, sencillo en su aplicación, transparente y equitativo.
Según la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), que cuenta con 30 países miembros de los que 24 son considerados de altos ingresos por el Banco Mundial, para 2004 (último año con cifras completas) México recaudaba por concepto de impuestos el 19% del valor total de toda la producción nacional (PIB), la cifra más baja de todos los integrantes de dicha organización. El promedio de la OCDE es 35.9%, el doble del nuestro. Los países más avanzados en este plano son Dinamarca y Suecia, con el 48.8% y el 50.4% de su PIB respectivamente
Entonces, según lo que hemos dicho, una reforma o miscelánea fiscal habría de buscar la forma de sacar a México del rezago hacendario en el que se encuentra. El pasado 20 de junio el Secretario de Hacienda y Crédito Público, Agustín Carstens, presentó al Congreso de la Unión un paquete de iniciativas que compondrían lo que se dio por llamar una “Reforma Integral de la Hacienda Pública” y cuya versión corregida y aumentada por el Congreso entrará en vigor a partir del primer día de 2008.
Lo más relevante en el documento es la creación de un nuevo impuesto llamado Impuesto Empresarial a Tasa Única (IETU antes CETU) que gravará a las personas físicas y morales residentes en el país, así como los residentes en el extranjero con establecimiento permanente en el país, por los ingresos que obtengan por enajenar o rentar bienes y dar servicios independientes. La tasa de este impuesto crecerá gradualmente, primero será del 16% de las utilidades declaradas en 2008, 17% en 2009 y 17.5% para 2010. El IETU ha sido diseñado para tratar de hacer que quienes no pagan el Impuesto Sobre la Renta (ISR) al menos paguen aquél.
Esta nueva imposición hará más complejo el de por sí complicado sistema tributario mexicano, a pesar de la simplicidad que implica una tasa única, porque obligará a las empresas a llevar una doble contabilidad. Me explico: Una empresa tendrá obligadamente que calcular tanto el IETU como el ISR, comparará los resultados y pagará el que sea más elevado. El hecho de llevar una complicada contabilidad de tributaciones favorece que algunos trabajadores eviten pagarlas o de plano decidan pasarse a la economía informal a la que, con la reforma hacendaria, se pretenderá gravar con un impuesto a los depósitos en efectivo.
El impuesto a los depósitos habrá de funcionar de la siguiente manera: si alguien deposita en el banco 25,000 pesos o más se le aplicaría una tasa del 2% del total del monto depositado. Se supone que así pagará la economía informal y las personas que no declaren correctamente sus ingresos. Sin embargo, cualquier contable hábil sabe que no hay necesidad de depositar los 25,000 pesos en un solo banco; o inclusive si alguien sabe que, depositando tal cantidad, le van a cobrar, simplemente evita hacerlo.
Con dichas medidas, entre otras (incluyendo la abrogación de la tenencia vehicular para 2012), Hacienda pretende haber aumentado la recaudación en un 2% del PIB en 2012, una bicoca si en verdad se quisiera alcanzar el 35% promedio en la OCDE. Por tanto podemos decir que no hay un gran avance en aumentar los ingresos de un Estado que cada vez se ve más empequeñecido.
Se pudo haber aumentado la tasa máxima del ISR (que es un impuesto que cobra más a quien más gana) sin que el país dejara de ser atractivo para los inversores, puesto que la tasa máxima de este impuesto en México es del 29%, mientras que en Bélgica, por ejemplo, es del 50%. Se pudo haber favorecido la reducción del coste por mantener el enorme aparato fiscal, destinando lo ahorrado a programas sociales. Se pudo haber simplificado la rendición de cuentas, pero ocurrió lo contrario. Se pudo haber hecho mucho para anular la evasión fiscal. Se pudo haber avanzado en materia de impuestos al consumo, como el IVA, que afectan más, en proporción, a quien menos gana. Se pudo haber hecho mucho, lástima que no fue así.